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el placentero suicidio
esta es una historia de la vida real que sucedio en un lugar no muy lejano de latinoamerica
Despues de ingerir los 5 Quilos de pastel, sentÃa mi estómago suficientemente cargado para comenzar el placentero suicidio.
Coloqué las velas sobre la moqueta de mi dormitorio en forma circular.
SentÃa la presión en mi estómago, pero… SerÃa la última vez que sentirÃa esa placentera presión. Decidà entonces acudir a la gran cocina. Abriendo la despensa, contemplé toda la carne y alimento. SerÃa la última vez que presenciase tales delicias, y sin pensarlo más, ingerà todo el alimento de la despensa…. Ahora sentÃa mi estómago exageradamente cargado, era un gran placer. Sentà como en ese momento las estrÃas de mi gordo vientre habÃan crecido más. Pues estaba a rebosar. Entusiasmada por el próximo acto, subÃa las escaleras sujetando mi vientre, cuando el vestido no pudo aguantar la presión, y se rajó por sà solo…. Cuando llegué a mi dormitorio, arranqué mi vestido por completo, dejando mi obeso y pálido cuerpo desnudo. Mi barriga habÃa engordado y crecido exageradamente, la acaricié con emoción y dulzura, sintiendo a su vez toda esa presión alimenticia en el estómago, y algo más arriba en el esófago…
Las estrÃas estaban a rebosar. Su color era rojizo, muy vivo…
Con cuidado, me arrodillé alrededor de las velas, y ante mÃ, se encontraba la daga de diamantes. La cogÃ, y con su filo, acariciaba los costados de mi vientre con suavidad, sintiendo el cosquilleo y ternura. Apenas podÃa respirar por la presión digestiva.
Coloqué la punta de la daga en el extremo derecho de mi vientre, y lo deslicé hasta el extremo izquierdo… La raja era tenue, pero después de segundos se volvió rojiza, era la sangre, que comenzaba a verter. Coloqué la punta en el interior de mi ombligo, y sin pensarlo más, rajé hacia mi pecho, abriendo el vientre en canal…La sangre se desplomó como agua de mar… Los blancos intestinos se deslizaban con la sangre. Eran gordos y gruesos. El estómago era rosado, blando y presionado por todo el alimento. Era enorme.
Tras unos segundos, acaricié mis propias vÃsceras que sobre la moqueta yacÃan, aun conectadas a mi cuerpo…. Y Conociendo ya el sumo placer, decidi despedirme de él, rajando mi cuello.
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Creado el: 07 de Febrero, 2012. 12:42:36 am
Categoría: Info
Tags: informacion noticias Humor
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