Un cuento para esta noche III

Categoría: Off Topic | 26.10.2017 a las 04:32 hs
La melli y el mudo

Nico o el mudo, como le decían los amigos, trabajó semanas para dar por terminada su empresa: garcharse a la melli.
Desde lejos, el monitor lo iluminaba mientras le chupaba esas enormes tetas.
Ella se le subió encima prácticamente a violarlo y acabó primera, juntando las piernas y gritando de placer.
El mudo nunca había visto una mina que chorreara tanto. Y cómo gritaba. La melliza le puso las manos en el cuello y apretó de a poco, todavía quería más. Le encantaba dominar y él le siguió el juego, metiendole un dedo en el culo.
Lo que no esperaba era que ella empezaba a ahorcarlo con más y más fuerza. Y cuando Nico intentó zafarse era tarde, sus brazos cedieron enseguida.
Pasando por encima del blister de clonazepam que uso para dormirlo, Fabiana buscó en la cartera el cuchillo para apuñalarlo hasta poder untarse con sangre su cuerpo húmedo.
Partió el cráneo con mucho esfuerzo y hurgó en el interior con los dedos. Al encontrar la glándula pineal la devoró extasiada: llegó al orgasmo prohibido del espíritu, sobre el cuerpo destrozado de Nico. Besándole el rostro abollado se abrió el cuello a ella misma. Ya nada más le importaba. Los cuerpos quedaron uno encima del otro.

Mauro, años después y en el mismo cuarto, miraba desde una silla frente a la pc su cama vacía: dos orbes luminosos bailaron un rato y desaparecieron en la oscuridad.

Un cuento para esta noche III

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